Causas más comunes de la infidelidad en la pareja (y cómo prevenirla)

Causas más comunes de la infidelidad en la pareja

En mi consulta, la infidelidad es uno de los temas más difíciles de abordar.

A menudo, las personas llegan con una idea simple: “Mi pareja me engañó porque ya no me ama” o “Lo hice porque soy una mala persona”.

Pero lo que he aprendido en años de práctica es que la infidelidad rara vez es un acto impulsivo y aislado.

Es, casi siempre, una señal de que algo en el interior de la relación—o de uno de sus miembros—se ha roto. La infidelidad no es el problema en sí mismo, sino el síntoma de un dolor más profundo.

Es el grito de alarma de una casa que se está cayendo por dentro, aunque por fuera parezca intacta.

El silencio que precede al estruendo: Las verdaderas causas de la infidelidad

La desconexión emocional: Cuando el vínculo se enfría

La causa más común que encuentro no es la falta de atracción física, sino una profunda desconexión emocional.

Muchas parejas pueden vivir juntas, criar hijos, compartir finanzas, y aun así, sentirse a miles de kilómetros de distancia.

Esta desconexión es silenciosa y se acumula día a día. Comienza con pequeños actos: dejar de compartir cómo fue el día, preferir el celular a una conversación, no preguntar por los miedos o las alegrías del otro.

De pronto, la persona que se supone que es tu refugio, se convierte en un extraño.

En esta distancia, uno o ambos miembros de la pareja comienzan a sentir una soledad en compañía.

Sienten que sus necesidades emocionales —ser vistos, escuchados, valorados— no están siendo satisfechas.

Y es ahí, en ese vacío, donde un tercero puede encontrar una rendija para entrar. La infidelidad no es buscada por pasión, sino por la simple necesidad de sentir algo, de ser visto por alguien.

Es un intento desesperado por reconectar con la intimidad emocional que se perdió en la relación principal, incluso si esa intimidad es momentánea y superficial. Es un sustituto de lo que el vínculo principal ya no ofrece.

El grito no escuchado: Buscar afuera lo que no se encuentra adentro

A veces, la infidelidad no es un síntoma de un problema de pareja, sino de una crisis personal.

Uno de los miembros de la relación puede estar lidiando con una profunda insatisfacción con su vida, con su identidad o con la sensación de estancamiento.

En estos casos, la infidelidad puede ser un intento de responder a la pregunta: “¿Quién soy yo fuera de esta relación?”.

He visto a muchas personas embarcarse en una aventura no por un deseo sexual, sino por la búsqueda de una versión de sí mismos que sienten que han perdido.

Quizás anhelan la pasión, la aventura o la sensación de novedad que su vida monótona no les da.

A veces, la infidelidad es un acto de rebeldía, un intento por recuperar un sentido de libertad que sienten haber sacrificado.

No están buscando a otra persona, están intentando encontrarse a sí mismos, pero lo hacen de la peor manera posible.

Es un grito de ayuda que su pareja no supo escuchar, porque ni ellos mismos sabían cómo articularlo.

Heridas del pasado: El fantasma que sabotea el presente

Finalmente, una causa que a menudo se ignora son las heridas no sanadas del pasado.

Una persona puede ser infiel no por un problema en la relación actual, sino por un patrón de comportamiento aprendido en la infancia.

Alguien que creció en un ambiente de deslealtad o con modelos de apego inseguro, puede inconscientemente replicar esos patrones en su vida adulta.

La infidelidad puede ser un acto inconsciente de autosabotaje, un intento de recrear el caos y la inestabilidad emocional con la que crecieron.

En estos casos, la infidelidad no tiene nada que ver con la pareja, sino con un fantasma que se ha colado en la relación.

La infidelidad es un tema doloroso, pero mirarla a los ojos nos da la oportunidad de entender que el problema no es solo la traición, sino todo lo que la precedió.

Es una invitación a mirar más allá de la superficie, a entender las dinámicas que nos llevaron a este punto. Porque solo al entender la causa, podemos empezar a pensar en la sanación.

El arte de la prevención: Cómo proteger tu relación antes de que se rompa

Si la infidelidad es un síntoma, la prevención es la medicina. No podemos controlar las decisiones de nuestra pareja, pero sí podemos cuidar el jardín de nuestra relación para que no crezcan hierbas venenosas.

Como profesional, he visto que las parejas más fuertes no son las que nunca tienen problemas, sino las que invierten tiempo y energía en construir una base sólida.

Es un trabajo diario, un compromiso consciente de no dar por sentado al otro.

Construir un “puerto seguro”: Cultivar la intimidad emocional

El antídoto más poderoso contra la desconexión emocional es la intimidad emocional.

Esto no se trata de tener una conversación profunda cada noche, sino de pequeños rituales que mantienen el vínculo vivo.

Mi consejo es que creen un “puerto seguro” donde ambos puedan llegar sin miedo a ser juzgados.

Esto significa:

  • Hacerse preguntas que realmente importan: En lugar de “¿Qué tal tu día?”, intenta “¿Qué fue lo que más te conmovió hoy?” o “¿Cuál fue el momento más estresante que viviste?”.
  • Compartir miedos y vulnerabilidades: Atreverse a decir “Me siento inseguro/a con mi trabajo” o “Tengo miedo de que nos alejemos”. La vulnerabilidad crea puentes, mientras que la coraza levanta muros.
  • Aprender a escuchar sin interrumpir: No se trata de esperar tu turno para hablar, sino de estar plenamente presente con el otro. Esto es lo que valida su dolor y sus alegrías.

Cuando una pareja se siente segura de que su dolor será visto y su vulnerabilidad será cuidada, la necesidad de buscar refugio en otro lugar desaparece. La intimidad emocional es el blindaje más efectivo contra la soledad.

Mantener vivo el deseo: Reencontrarse más allá de la rutina

El deseo es como una planta: si no se riega, se marchita. Con el paso del tiempo, la rutina y las responsabilidades diarias pueden apagar la chispa, haciendo que la relación se sienta más como una sociedad que como una pareja. La prevención de la infidelidad también implica nutrir la pasión.

Esto no significa que deban planificar una escapada romántica cada mes. A veces, la chispa se reaviva con pequeños gestos:

  • Crear “microcitas”: Tomar un café a solas por la mañana, salir a caminar por 30 minutos sin hablar de los hijos, o simplemente pasar un momento de calidad juntos antes de dormir.
  • Reintroducir la novedad: Probar un restaurante nuevo, aprender una habilidad juntos o sorprender a la pareja con un detalle inesperado. La novedad rompe el ciclo monótono y nos recuerda la emoción de estar juntos.
  • Priorizar la intimidad física: El contacto físico va más allá del sexo. Abrazarse, tomarse de la mano o un simple roce en la espalda refuerzan el vínculo y la conexión.

Mantener vivo el deseo es un acto de compromiso. Es una elección consciente de no permitir que la rutina se robe la magia de la relación.

Nombrar lo que duele: La comunicación como acto de valentía

Quizás la herramienta más poderosa para prevenir la infidelidad sea la comunicación honesta y valiente. Las parejas que evitan los temas difíciles son las que, a largo plazo, terminan en terapia por una crisis.

Mi trabajo es ayudar a mis pacientes a hablar de lo que duele antes de que el dolor se convierta en un silencio mortal.

Esto requiere:

  • Hablar desde el “yo”: En lugar de “Tú nunca me ayudas”, usar frases como “Yo me siento abrumado/a con todas las responsabilidades y necesito ayuda”. Esto evita el ataque y abre la puerta a la comprensión.
  • No esperar a que sea una crisis: Si sientes que algo no está funcionando, no lo guardes. Nombra el problema con calma y respeto.
  • Buscar ayuda profesional: A veces, no tenemos las herramientas para abordar ciertos temas. Si sienten que están en un punto muerto, buscar a un terapeuta de pareja no es un fracaso; es el acto de amor más grande que pueden hacer por su relación. Es un reconocimiento de que merecen una vida juntos, sin el peso de lo no dicho.

Prevenir la infidelidad no es un tema de desconfianza o de control. Es un acto de profunda conciencia y cuidado hacia el vínculo que han construido. Es una elección de ser proactivos, de hablar antes de que el silencio se vuelva un grito.

El impacto: El terremoto que sacude la relación

Cuando la infidelidad sale a la luz, el impacto es similar al de un terremoto emocional. No hay forma de suavizarlo. La confianza, que era el cimiento de la relación, se rompe en un instante.

El dolor es tan intenso que puede parecer insuperable. Como terapeuta, mi primer trabajo es ayudar a ambos a procesar este impacto, sin juicios, para que puedan entender lo que están viviendo.

El dolor de la persona herida: La traición al pacto de confianza

Para la persona que ha sido engañada, el dolor va mucho más allá de la traición. Es una herida que toca la identidad, el autoconcepto y la percepción de la realidad.

Las preguntas que surgen son demoledoras: “¿Cómo pude no darme cuenta?”, “¿Qué hice mal?”, “¿Quién es realmente la persona con la que he estado todo este tiempo?”.

El dolor es una mezcla de furia, tristeza y, sobre todo, una profunda sensación de traición. La persona no solo ha sido engañada por su pareja, sino también por la realidad que creía tener.

El mundo que conocía se ha desmoronado. El futuro que imaginaba ha quedado en ruinas. En este punto, no hay lógica. La herida es emocional y necesita ser reconocida y validada.

Es fundamental que la persona herida se dé permiso de sentir, de llorar, de gritar, y de expresar su dolor sin que se le pida que “pase página” o que “perdone” antes de estar lista.

La culpa y el miedo del infiel: El peso de una decisión

A menudo, la sociedad solo ve al infiel como el “villano” de la historia. Pero detrás de la traición, hay un peso enorme de culpa, vergüenza y, paradójicamente, miedo.

El infiel, aunque haya tomado la decisión, también se enfrenta a la pérdida. Puede sentir miedo de perder a su pareja, a su familia, a la vida que construyeron juntos.

La vergüenza de haber herido a la persona que ama puede ser abrumadora.

En terapia, ayudo a estas personas a dejar de justificar el acto y a empezar a asumir la responsabilidad.

No se trata de excusar el comportamiento, sino de entender las razones que los llevaron a él, para que no vuelva a suceder.

Es un camino doloroso de introspección, de confrontar las propias inseguridades y de admitir el daño que han causado.

No es un proceso que busca el perdón inmediato, sino el arrepentimiento genuino, que es la base para cualquier posible reconstrucción de la confianza.

¿Qué hacer después? Un camino hacia la sanación (con o sin la pareja)

La gran pregunta que surge después de la infidelidad es: “¿Podemos sanar?”. La respuesta es que sí, la sanación es posible, pero no es fácil. No hay atajos.

Es un camino que exige paciencia, vulnerabilidad y, sobre todo, una voluntad genuina de ambos de querer reconstruir.

El primer paso: Aceptar la realidad, procesar el dolor

Antes de pensar en la reconciliación, es fundamental que la pareja se dé un espacio para procesar la crisis.

El primer paso es aceptar la realidad sin negación. Esto implica que el infiel debe ser totalmente honesto, responder a las preguntas que la pareja herida necesite hacer y detener cualquier contacto con el tercero.

La persona herida, por su parte, debe permitirse sentir todo el dolor sin juicios. No se puede construir sobre cimientos de mentiras o de emociones reprimidas.

La reconstrucción: ¿Es posible sanar?

La decisión de seguir o no juntos debe ser mutua y consciente. Si ambos deciden intentar, la reconstrucción de la confianza es el reto más grande.

La confianza no se recupera de la noche a la mañana, se construye con pequeños actos de honestidad y transparencia.

Es un proceso largo donde cada promesa cumplida, cada conversación honesta y cada acto de vulnerabilidad se suman para crear un nuevo tipo de vínculo, uno que es más fuerte porque ha superado una prueba tan difícil.

Aquí es donde la terapia de pareja se vuelve indispensable. Un terapeuta puede actuar como un mediador neutral, ayudando a la pareja a navegar por las emociones intensas, a establecer nuevas reglas y a comunicarse de una manera que no destruya, sino que construya.

No es una varita mágica, sino un puente que los ayuda a cruzar el abismo de la traición.

La infidelidad es una de las experiencias más devastadoras que una pareja puede enfrentar. Es un evento que, inevitablemente, marca un antes y un después.

Pero lo que he aprendido en mis años de trabajo con parejas es que la infidelidad no es necesariamente el final de la historia.

Es, más bien, un punto de quiebre que obliga a ambos a tomar una decisión crucial: o se convierten en el fin de la relación, o se transforman en el catalizador para un nuevo comienzo, uno más honesto y consciente.

Este camino de transformación es arduo, doloroso y no está exento de obstáculos. Exige que ambos se miren a sí mismos, que se hagan responsables de sus propias heridas y que se atrevan a ser vulnerables de una manera que quizás nunca antes lo habían sido.

La sanación no es un proceso que borra el pasado, sino uno que permite a la pareja integrar el dolor y la traición en su historia, aprendiendo a vivir con esa cicatriz de una manera que ya no les duela.

La infidelidad nos enseña una lección fundamental sobre el amor y la conexión: no podemos dar por sentado lo que tenemos.

La soledad, la desconexión y las necesidades no satisfechas son como un jardín que se descuida. Y, lamentablemente, la infidelidad es la maleza que florece cuando no la cuidamos.

Un llamado a la acción: Cuidar el jardín antes de que se marchite

Mi llamado final no es solo para las parejas que han pasado por la infidelidad, sino para todas. El mejor antídoto contra el engaño es la prevención consciente.

Es un compromiso diario,  nutrir la intimidad, de ser valientes al hablar de lo que nos duele y de priorizar a nuestra pareja por encima de la rutina y las distracciones.

La infidelidad puede ser una señal de que algo en la relación necesita ser atendido. A veces, esa señal llega de la manera más dolorosa.

Pero si se mira con ojos de sanación, puede convertirse en la oportunidad para construir una relación más fuerte, más honesta y, en última instancia, más amorosa que la que existía antes.

Porque el amor no es un destino, sino un jardín que se cuida todos los días.

Si estás pasando por un momento difícil en tu relación y deseas ayuda profesional, te invito a ponerte en contacto conmigo, estoy aquí para ayudarte.

Comments

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *